[PDF] Pequeño Cerdo Capitalista – Sofia Macias

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Pequeño Cerdo Capitalista

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¿Por qué volverse un pequeño cerdo capitalista?

Yo fui oficialmente nombrada un “pequeño cerdito capitalista” por mi amiga Alejandra —digo oficialmente porque en secreto siempre quise serlo— tras una escandalosa confesión: a los 22 años ya osaba tener un fondo de ahorro que invertía en la Bolsa de Valores

Sí se puede

La mayoría de los gurús de las finanzas personales te dirán que para tener mejores cuentas debes empezar por analizar tus ingresos y tus egresos, hacer un presupuesto, priorizar, ver dónde recortar… por supuesto que esto funciona, pero no vamos a empezar por ahí —lo haremos después, no te preocupes. ¡Cha chán! ¿Y eso por qué? Pues simplemente porque ordenar tu vida financiera cuando no has visto un solo resultado puede ser poco inspirador y un relajo.

En ocasiones, pequeños avances pueden ser la motivación para tener las ganas y la paciencia para sentarse a checar voucher por voucher, anotar nuestros gastos de todo un mes, quitarle aquí, ponerle allá, etcétera, para hacer el famoso presupuesto.

Quien no esté de acuerdo se va directito al Capítulo 3 y luego regresa. Quien sí, quédese leyendo.

Por qué sí se puede: cuando eras rico sin trabajar Hagamos memoria, remontémonos a aquellos ayeres —que para algunos literalmente fue ayer y para otros casi siglos— en los que éramos unos pequeñuelos estudiantes sin trabajo ni sueldo… claro, a menos que cuentes como trabajo eso de ser hijo, donde algunos ganan desde medio salario mínimo mensual hasta sueldo de ejecutivo, dependiendo del jefe, bueno del papi. ¿Recuerdas que la mesada bastaba para el cine, el CD o el cambio anual de gadget reglamentario?, y estirándole un poco, hasta para los regalitos del susodicho o la susodicha. Yo no sé si es producto de una extraña obra de magia negra financiera, pero a la mayoría le alcanzaba más el dinero entonces, que después de entrar a su segundo trabajo.

Alguna vez en Twitter alguien me escribió: “¿Me creerás que llevo más de un año con sueldo y $0 ahorrados?”, y no sólo le creí, de hecho, es de lo más común.

Una de mis adoradas amiguitas, víctima favorita para balconear gracias a sus inexistentes hábitos de planeación financiera, me confesó durante un concierto que pese a su flamante trabajo de abogada en un tribunal, no tenía ni un centavo, ya no digamos en un fondo de inversión o una cuenta de ahorro… ¡Vaya! Ni en la alcancía de cerámica del mercadito.

Mi shock provenía, justamente, de que todas mis amigas de la prepa y yo empezamos a trabajar en el mismo año (más o menos a la mitad de la carrera o casi acabando), entonces ella triplicaba, literalmente, nuestro sueldo de becarias porque ya era funcionaria respetable.

Bueno, entre compritas, comprotas, ganarse a pulso ser cliente consentida de su salón de belleza y viajecitos, se le ha ido el sueldo entero, desde el primer empleo, hasta la fecha. Lo más inexplicable es que sus ingresos representaban una gran diferencia contra sus ingresos de estudiante: su mesada era si acaso el 10% de su salario. ¿Te suena conocido? ¿A cuántas personas conoces así (incluyéndote)? Varias causas generan este extraño fenómeno:

Te emociona “ganar tu propio dinero” por primera vez y sientes que eres más libre de gastar.

Piensas que ahorrarás cuando tengas dinero para hacerlo… lo que sea que esa mentirota signifique.
Elevas tu benchmark: si antes gastabas $350 en un regalo de cumpleaños para la familia o el novio
(a), ahora, aumentas el mínimo a $1 000. Lo mismo aplica con las salidas y la ropa.

Esperas siempre los aumentos para gastar más y visualizas el ahorro como un sacrificio, en lugar de una inversión para ti mismo o para alcanzar metas mayores, ¿la cuenta de todos tus gadgets equivalen al enganche de un coche? ¡Gulp! Dejas de priorizar: como tienes más dinero, en lugar de ser más selectivo con lo que compras (como antes que pudieras), ¡te llevas todo y hasta andas cazando baratas para derrochar!

Muchos dirán: “No se puede”; “no tengo dinero para ahorrar”; “apenas me alcanza con lo que gano”, etcétera, etcétera, pero, ¿qué habría pasado si nunca te hubieran aumentado el sueldo? Simplemente no gastarías más.

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