[PDF] Me enamore de mi jefe: Dakota Milano

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ME ENAMORE DE MI JEFE:
Romance apasionado entre el jefe y su asistente

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ELENA

De repente el teléfono de mi escritorio suena y el visor indica que es él, la persona que no debía llamar lo está haciendo, es mi jefe, Mateo.

Las palpitaciones de mi corazón aumentan como si me hubiese inyectado una dosis de adrenalina y el sudor comienza a hacerse presente en mis manos y frente. Por acto reflejo solo tiendo a pararme de mi asiento y me dirijo a su oficina con mi mente procesando cientos de pensamientos al mismo tiempo, pero sin poder entender ni concluir nada.

Ya es demasiado tarde como para inventar una excusa, arrancar por el ascensor. Es tanta la ansiedad que incluso pensé en activar la alarma de incendio para que todo el edificio evacue y así postergar este encuentro, pero ya no puedo. Mi momento llego y debo afrontarlo. El fin de mi trabajo de  aproxima y todo fue mi culpa.

Ya frente a la puerta extiendo mi mano hasta la manilla y la giro. La gran puerta de pino se abre suavemente e ingreso.

—Su oficina se parece más a un salón presidencial que a un lugar de trabajo, todo de madera oscura y cuero. No solo se ve bien, también huele a elegancia.

—Digo, tratando de disimular un poco. No sé si por los nervios o porque ya no estoy pensando claramente.

Cada vez que me siento en esa silla sofisticada creada de forma única por un diseñador y que está ubicada a un costado de su escritorio, siento como si mi trasero estuviera siendo acariciado suavemente por nubes esponjosas. Mi jefe deja de leer su computadora y me mira fijamente.

—Me alegra que te gusten mis muebles, Elena

—dice él.

—Parecen de mentira, como si hubieran sido sacados de un cuento

— digo rápidamente, pero mi respuesta suena como la de una niña pequeña, incluso para mis propios oídos. Mateo me mira y levanta una ceja.

—La protagonista de tu novela trabaja en una compañía de inversiones. Su jefe ha hecho una fortuna al quedarse con las acciones de compañías poco éticas, todo eso a pesar de que sólo tiene treinta años.

MATEO

Cuando se viste así, es casi un crimen que Elena esté escribiendo sobre sexo, cuando perfectamente se ganaría la vida como estrella porno.

Ese es el tipo de cuerpo que debe estar delante de una cámara, no detrás de un teclado. Su culo se mueve deliciosamente en la apretada falda color magenta, lo cual mezclado con su andar en tacones hace de este momento algo imperdible y magnifico.

Me encantaría poner mis manos en esas caderas que se balancean y tirar de ella hacia atrás, directamente a mi verga dura. La tiraría de su pelo para que tuviera que arquear la columna vertebral y así empinar sus nalgas por acto reflejo. Casi puedo ver sus cremosas nalgas moviéndose mientras rebotan en mis muslos al ritmo de mis embestidas.

Y pensar que nunca me habría enterado de su lado sucio si no fuera por su pequeña historia que quedó grabada en mi computadora…

—Estaré aquí si necesitas más ayuda con tu historia —digo antes de que la puerta se cierre de un golpe. Sonrío, y el gesto se prolonga llevando a que se convierta en una risa. Me reí a carcajadas mientras pensaba en lo loca que es la vida a veces.

Mi sexy, joven y atractiva asistente tiene una mente sucia. ¿Quién iba a pensar que debajo de esa recatada fachada profesional hay una chica con semejantes características? Me alegro de haber llegado antes de que pudiera recuperar su memoria USB. Ahora sé que ella piensa que mis ojos son «brillantes charcos de color azul» y mi cabello es «un bosque espeso y exuberante que la invita a perderse en él.

Normalmente no me gusta el lenguaje poético de las novelas románticas, pero esto es una excepción.

Eché un vistazo al ratón bajo la palma de mi mano y sonreí. Así que Elena está celosa de la rueda del ratón, ¿eh? Interesante.

Paso la yema de mi dedo índice ligeramente sobre la superficie de goma de la rueda, imaginando que es el clítoris de Elena con el que estoy jugando.

¿Qué aspecto tendrá cuando tiene un orgasmo?
¿Se arruga su frente cuando piensa en mí?
¿Cómo será besar esos labios rojos y jugosos?
¿Gimoteara mi nombre por las noches?
Mierda, lo que daría por saber….

Mi pene se tensa contra la parte delantera de mis pantalones. Si Elena hubiera mirado bajo el escritorio, habría visto lo increíblemente duro y grande que es, y lo mejor de todo es que está completamente disponible para ella.

Me imagino a mí mismo agarrando el pelo de la parte de atrás de su cabeza y tirando de ella mientras esta de rodillas para que pueda chuparme la vega por debajo de mi escritorio.

Me pregunto si sospecha que he tenido esas fantasías con ella desde que empezó a trabajar en este lugar.

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