PDF) Entre tú y yo — Whitney G

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«ÚLTIMO AVISO PARA LOS INQUILINOS: DEJAR EL LOCAL ANTES DEL MEDIODÍA».

Las palabras que tenía en negrita delante de la cara lo decían todo, pero aun así me costaba aceptar la verdad. Mientras la suave lluvia matutina de Seattle caía sobre mí, pasé los dedos por las palabras «AVISO PARA LOS INQUILINOS», tratando de no recordar lo emocionada que había estado cuando firmé el contrato de arrendamiento.

Unos meses atrás, mi cafetería-vinoteca estaba abierta, y había atendido en ella tanto a turistas como a la gente de la ciudad cada vez que se aventuraban a ir al centro. Pero en ese momento, lo único que tenía después de las esperanzas, el sudor y las lágrimas que había vertido en cada taza de café, era solo un aviso de fracaso empapado y de color rosa.

Suspirando, arranqué el papel de la puerta principal y la abrí por última vez. Lo único que quedaba dentro eran las enormes vitrinas de cristal en la pared trasera, unas cuantas sillas de madera y el nombre y el lema de la tienda en tiza en el tablero del menú.

«WILDEST DREAMS, CAFETERÍA-VINOTECA.
DONDE LO IMPOSIBLE SIEMPRE ES POSIBLE…».

—¡Eh, señorita! —me llamó un oficial de policía, agitando una linterna—. ¿Es usted una de los propietarios?
Asentí.
—Sí, señor.
—Ah, vale. —Miró el reloj—. Tiene unos quince minutos antes de que me vea obligado a cambiar la cerradura de la puerta. —Se acercó a la barra y pasó la mano por la superficie de caoba que había instalado hacía meses—. Esta cafetería tenía la mejor combinación de cupcakes y café que he tomado nunca —comentó—. Venía aquí con algunos de mis colegas al salir de trabajar. Bueno, lo hacíamos hasta que Starbucks abrió al otro lado de la calle. No se puede vencer a Starbucks, en especial en esta ciudad.
Se rio, y le lancé una mirada perdida.
—Muchas gracias, oficial.
—De nada. —Sonrió—. Si mi hija me dijera que quiere abrir un negocio como este, le diría que
debería abrirlo en cualquier lugar salvo en esta ciudad.
Puse los ojos en blanco.
—¿Me disculpa unos minutos, por favor?
—Trece minutos, para ser exactos. —Dio un toque a su reloj y examinó los grifos de detrás del mostrador—. Oh, guau. Incluso le ha puesto el nombre de un cupcake a cada uno de los grifos de cerveza…

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