PDF) El rey de las mentiras — Whitney G

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Antes de que empieces esta historia, necesito que sepas que no soy un buen hombre. Nunca lo seré.
Te lo cuento ahora para que no te hagas ilusiones, para que en esos momentos en los que tu corazón se acelere y las lágrimas asomen a tus ojos, cuando empieces a creer que he cambiado o que soy un «héroe» digno de ser uno de tus novios de novela, ya sepas que estoy a dos páginas de decepcionarte.

Todo por lo que viví una vez ha ardido hasta los cimientos, y lo único que queda son las cenizas de mi pasado. De vez en cuando, siento el parpadeo de una ceniza obstinada que aún arde, una llama desesperada que anhela más atención emocional, pero siempre la apago.
Los días en los que intentaba ser «una buena persona» como todos las demás han pasado, y he elegido vivir mi vida teniendo como objetivo la respuesta a una simple serie de preguntas: «¿Qué me aporta? ¿Cómo me beneficiará? ¿Por qué coño me pides que haga algo cuando no me va beneficiar?».

Dicho esto, tengo unas cuantas cualidades redentoras que me encantaría discutir si lo deseas, ya que he sido más que bendecido en el departamento de dones; puedo ser un caballero cuando quiero, y poseo varias propiedades en la costa de Amalfi. (Siéntete libre de investigar mis cuentas bancarias. En plural). Con respecto a las «relaciones», nunca me ha interesado aprender lo que significa ese término, pero lo compenso con creces entre las sábanas: puedo devorarte el coño de maneras que te harán olvidar a todos los hombres que pasaron por tu cama antes que yo, hacer que vuelvas a alcanzar el orgasmo incluso después de una sesión de sexo inolvidable, pero no te amaré. (Bueno, no amaré a nadie).
No soy de esos.
«No vas a encontrar de eso en esta historia…».
Lo único que verás, si miras con suficiente atención, es el mayor error que he cometido.

La mujer que me destrozó y que casi destruyó todo lo que creía ser.
La palabra clave es «casi».
Traducción: «Casi» no cuenta.
Verás, incluso cuando las apuestas han sido vertiginosamente altas, nunca he perdido una sola partida en mi vida. Nunca he limitado mis apuestas ni me he echado atrás cuando he perdido todas las fichas en una mano.
Siempre he sabido que el mejor jugador es aquel que no tiene nada que perder, y para ser un «héroe», tienes que tener algo —o a alguien— por lo que valga la pena luchar.
Nunca lo he tenido.
No digas que no te lo advertí.

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