Hermano Rico, Hermana Rica ▷ Robert T. Kiyosaki

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Por amor y por dinero.

Es frecuente escuchar: “Nunca discutas sobre religión, política, dinero o sexo.” Como ya sabes, casi todas las personas tienen su punto de vista que, en algunos casos, puede ser irracional. Esto provoca que dichos temas conlleven una fuerte carga emocional. Este libro hace lo contrario; discute y da consejos sobre dos de los temas tabú: el dinero y la religión.

En el verano de 2006 volé con mi esposa, Kim, desde Phoenix, Arizona, a Los Ángeles, en California. Hicimos ese viaje de un día para asistir a una conferencia de Su Santidad, el Dalai Lama. Mi hermana menor, Emi Kiyosaki, conocida por su nombre budista, Tenzin Kacho, nos había invitado al evento. Ni Kim ni yo somos budistas.

Mi hermana Emi tampoco lo era cuando niños. Mis hermanos y yo fuimos educados como cristianos. Emi se hizo budista cuando tenía más de 30 años. Si la hubieras conocido de pequeña, jamás hubieras imaginado que se convertiría en una monja budista. Al menos yo no lo imaginé.

Cuerpo sano, espíritu sano

Cuando era niña, nunca dudé que nos amaran. Tras la Segunda Guerra Mundial, mis padres, nuestros grandes clanes familiares, la comunidad y el país, estaban ante un nuevo comienzo. Albergaban grandes esperanzas; era como si toda la lucha, el enojo y el odio de la guerra hubieran purgado al mundo y la gente pudiera comenzar a reconstruir sus familias, carreras y fortunas. Nuestros padres eran jóvenes e inteligentes, tenían una buena relación.

Estaban ansiosos por comenzar una familia y una vida juntos. Robert, Jon, Beth y yo, nacimos dentro de esta burbuja de esperanza y determinación. Llegamos al mundo siendo amados. Nos recibieron con todas las fanfarrias y el gozo que trae a la familia el nacimiento de un niño.

Nuestros bisabuelos veían con orgullo su nuevo hogar en Estados Unidos; Robert fue el primer bisnieto, primer nieto y primer hijo de la familia paterna. Su nacimiento fue causa de celebración. Yo llegué al año siguiente; Jon, un año más tarde; y Beth dos años después que Jon.

La vida se tornó compleja, frenética y desafiante. Nuestros primeros años estuvieron repletos de enfermedades, y como nuestros padres tenían un ingreso modesto y dormían poco, su día a día se volvió tenso y difícil.

Nuevas respuestas a viejas preguntas

La guerra y los desastres naturales entraron en nuestra familia por la fuerza. Sus imágenes y realidades influyeron en nosotros y nos definieron. En muchos sentidos, la explosión nuclear que presenciamos convirtió la vida en algo aún más precioso que no podíamos dar por hecho.

Probablemente no hubiéramos comenzado a buscar nuestras propias respuestas sobre la vida y sobre Dios (si es que existía), si el fantasma de la destrucción global y de la Guerra de Vietnam no hubiera aparecido. Aunque fuimos bautizados como cristianos, casi no se hablaba sobre Dios en casa.

Solamente orábamos para agradecer antes de las comidas y en ocasiones especiales como el Día de Gracias, Navidad y Pascua. Mamá asistía con fe a la iglesia, pero fue a diferentes templos durante su vida. Aunque pasaba la mayor parte del tiempo en la Iglesia Metodista de Hilo, en Navidad se acercaba a la iglesia que tuviera el mejor director y coro.

Esa época del año le gustaba mucho y adoraba cantar “El Mesías” de Handel. Desde un mes antes de Navidad, nuestra casa reverberaba con el sonido de un disco de 33 rpm del “Coro Aleluya”, una y otra vez.

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