PDF) EL LIBRO NEGRO DEL DÓLAR — Federico Tessore

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La guía definitiva para saber cuándo comprar y vender dólares en Argentina.

PODEMOS GANAR EL JUEGO

Tenés que aprender las reglas del juego y después tenés que jugar el juego mejor que cualquier otro.
—ALBERT EINSTEIN

Eran alrededor de las 10 de la mañana de un fresco día a fines de invierno en la Ciudad de Buenos Aires. Mi jornada como Asesor de Inversiones estaba comenzando. Llegaban los primeros clientes y la sala de espera se llenaba lentamente.

En esa época trabajaba para el Citibank, en el sector de inversiones internacionales dentro de la sucursal del barrio de Flores, en la ciudad de Buenos Aires. Mi tarea consistía en asesorar a los clientes de esa sucursal que tenían ahorros en el Citibank de Nueva York. Entre mis clientes de la época había médicos, profesionales independientes, comerciantes y gerentes que trabajaban o vivían en la zona. Todas personas muy exitosas en su profesión, pero sin muchos conocimientos del mundo de las inversiones. Recuerdo con lujo de detalles esa mañana. Estaba en mi oficina charlando con un cliente sobre sus inversiones.

Se trataba de una oficina cerrada que daba, por medio de una pared y puerta de vidrio, a una sala de espera. Desde la oficina no podía
escuchar nada de lo que pasaba en la sala de espera. El vidrio que las separaba era muy sólido y hermético. Sólo podía ver. Cuando terminé la reunión con el cliente, abrí la puerta de mi oficina y entré a la sala de espera para recibir a un nuevo cliente. Inmediatamente noté algo muy raro. Primero, mucho silencio. La sala de espera solía ser muy ruidosa. Clientes hablando con funcionarios del banco. Varias conversaciones fluyendo a la vez hacían que el ruido fuera una constante. Pero esa mañana era diferente. No había ruido, silencio total. Además, todas las personas miraban la pequeña televisión que estaba colgada de la pared, muy cerca del techo. Aquellos que llegaban a la sala de espera se detenían en el medio de la escalera que conectaba la entrada a la sucursal con el subsuelo donde estaba mi sector y se quedaban congelados mirando la televisión.

Cuando llevé mi vista a la pantalla que todos miraban, me pasó exactamente lo mismo. Me quedé congelado sin emitir sonido. La televisión emitía en directo, desde el centro de Nueva York, el atentado que el grupo terrorista Al Qaeda hacía sobre las famosas
Torres Gemelas. No sólo se veía el fuego de las torres, sino también a gente colgando de las ventanas y hasta saltando. El momento cuando la primera torre comenzó a caer fue aterrador. Costó mucho retomar el ritmo de trabajo ese martes 11 de septiembre de 2001. Si bien lo hicimos, los efectos de este episodio fueron profundos para todos mis clientes de la época. Recordemos que mis clientes tenían sus ahorros de toda la vida en la sucursal Nueva York del Citibank. A muy pocos metros del lugar del atentado.

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