[PDF] El Día Que Dios Entro Al Banco – Juan Diego Gómez

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El día que Dios entró al banco
Una revolucionaria combinación de espiritualidad y riqueza

El Día Que Dios Entro Al Banco Juan Diego Gómez

Ser pobre y espiritual, pareciera ser más fácil que ser rico y espiritual. Si esta última combinación supone un mayor desafío y exige una depuración interior más profunda y épica, pues que sea entonces el objetivo de este libro, que carecería de validez si no estuviera respaldado por un testimonio de carne y hueso, el mío propio. Así las cosas, que mientras más dinero tengas, más espiritual te vuelvas.
Empecemos…

Juan Diego Gómez Gómez

Riqueza material y espiritual pueden coexistir; lo que no es sostenible es la evolución espiritual en un cuerpo que se
aferre a lo material y lo tenga por prioridad.

Síguele la pista al corazón y pregúntate qué haces por los pobres, y no solo por ellos; por tus empleados, por tu familia. Tienes tiempo, dinero, conocimiento, oportunidades y experiencias de vida; eso también lo puedes
compartir.

Hay que lograr un equilibrio entre tus anhelos y las necesidades de los demás. Si suben tus anhelos, que suba tu ayuda; ¿compraste más camisas? Regala las que no te pongas; ¿tienes un seminario muy exitoso? Otorga cupos a quienes lo merezcan y hoy no puedan pagarlos, o crea un incentivo para que quienes ya asistieron se beneficien al referir a más personas. Amor y ambición combinadas; coctel perfecto de grandeza. Llénate de amor y tu vida tendrá sentido; tatúate la ambición y nunca te esquivarán nuevos logros, o en palabras de Johann Wolfgang Von Goethe, poeta y novelista alemán: “El amor y el deseo son las alas del espíritu de las grandes hazañas”.

Los actos bondadosos nos hacen sentir mejor y generan energía positiva en nuestro organismo: ser agradecido y generoso, es saludable. Mientras que, si eres negativo o pesimista, egoísta y envidioso, generas malas vibraciones. En mis conferencias, invito a expresarse: quién eres, y verbalizarlo, en voz alta, para que el mundo se entere. Si no lo dices, por timidez o vergüenza transitoria, al menos siéntelo, aprópiate de esa confianza y actúa en consecuencia. Igual con hacer el bien; si quieres ser anónimo y ayudar, hazlo; pero ayuda, y sirve a muchos más de los que estás sirviendo, con amor, entrega y abundante ambición.

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