[PDF] Besos que dejan cicatrices: Alissa Bronte

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SINOPSIS

Tereza, la hija de Dragos, decide empezar una nueva vida lejos de su padre y sus  negocios ilegales la noche en que es testigo del asesinato de un joven en el sótano de su casa. Benjamin MacKinney es el teniente del equipo de salvamento pero, desde hace un tiempo, participa en todas los combates ilegales organizados por Dragos con la intención de entrar en su mundo y vengar la muerte de su hermano.

La noche que Tereza sufre un fatal accidente, Ben será el responsable de su rescate y, a partir de ese momento, sus destinos quedarán unidos para siempre. ¿Qué sucederá cuando Ben descubra que la mujer a la que pretende utilizar para saldar la deuda con el hombre que más odia es la única capaz de iluminar sus sombras? ¿Podrá dejar de lado el rencor y darse la oportunidad de ser feliz?

CAPÍTULO 1

Seis meses después…

Un ruido sordo la devolvió a la realidad. Parpadeó con fuerza y, al hacerlo, sintió como si su cabeza fuese a explotar, y con toda seguridad así lo haría. Miró a su alrededor tratando de averiguar dónde estaba y qué había sucedido. Era tarde, los rayos plateados de la luna brillaban nítidos y le molestaban en los ojos. Al frente vio la pared; su coche estaba empotrado contra la dura superficie, y ella, al volante.

Entonces pensó en lo que había ocurrido… Recordó el volantazo que tuvo que pegar para esquivar aquel vehículo, que ella iba demasiado deprisa pues trataba de escapar de ese coche que la perseguía, que terminó estampada contra un edificio… ese edificio. Estaba a punto de salir y pedir ayuda, pero por suerte advirtió el sonido justo después de ver las chipas: un cable eléctrico.

Un cable de alta tensión se había roto debido al impacto y bailaba amenazante sobre su capó, sacando su lengua eléctrica para burlarse de ella. ¡Genial! Atrapada en su propio coche. Golpeó enérgicamente el volante, desesperada, y el claxon chilló, rompiendo la quietud de la noche. Sabía que no podía salir, pues de hacerlo corría el riesgo de morir electrocutada.

Pero estaba tan asustada… Quizá los que la habían perseguido seguían por allí, en algún lugar cercano, esperando para rematar el trabajo. Además, le dolía la cabeza y sangraba por una brecha que se había abierto encima de una ceja, pero en ese instante nada de eso era tan importante como abandonar el maldito vehículo.

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